Por Camilo Villamizar Plazas
La opera prima del tolimense Jaime Barrios, titulada Paisaje indeleble, es una película frustrante. Esto no significa que sea mala, en lo absoluto lo es, sino que todas sus ideas y buenas intenciones quedan asfixiadas dentro de un planteamiento audiovisual tremendamente rígido que no les permite evolucionar. Es frustrante precisamente porque pudo ser una gran película y no lo fue. El filme, que cuenta la historia de Gustavo, un hombre que regresa al pueblo de su infancia para encontrar cómo el tiempo ha carcomido el lugar, es una pieza contemplativa en la cual se analizan temas como la nostalgia, el retorno y la culpa.
La opera prima del tolimense Jaime Barrios, titulada Paisaje indeleble, es una película frustrante. Esto no significa que sea mala, en lo absoluto lo es, sino que todas sus ideas y buenas intenciones quedan asfixiadas dentro de un planteamiento audiovisual tremendamente rígido que no les permite evolucionar. Es frustrante precisamente porque pudo ser una gran película y no lo fue. El filme, que cuenta la historia de Gustavo, un hombre que regresa al pueblo de su infancia para encontrar cómo el tiempo ha carcomido el lugar, es una pieza contemplativa en la cual se analizan temas como la nostalgia, el retorno y la culpa.
