Por Andrés Jiménez Suárez
Las primeras imágenes que aparecen en pantalla son las fotografías de un álbum familiar que se suceden lentamente y en absoluto silencio. Son retratos de la infancia de un niño esbelto con la piel tostada a causa de la exposición constante al sol omnipresente de Juchitán. La imagen del muchacho de cabello oscuro y maneras femeninas, franqueada la pubertad, es reemplazada por la de una muxe (travesti): Daniela. Pero, de forma abrupta, al conjunto de imágenes se suman unas fotografías impersonales que describen escrupulosamente el cuerpo amordazado y maltratado de esta joven, que un pescador encontró a la intemperie en Puerto Alacrán una mañana de noviembre.
Las primeras imágenes que aparecen en pantalla son las fotografías de un álbum familiar que se suceden lentamente y en absoluto silencio. Son retratos de la infancia de un niño esbelto con la piel tostada a causa de la exposición constante al sol omnipresente de Juchitán. La imagen del muchacho de cabello oscuro y maneras femeninas, franqueada la pubertad, es reemplazada por la de una muxe (travesti): Daniela. Pero, de forma abrupta, al conjunto de imágenes se suman unas fotografías impersonales que describen escrupulosamente el cuerpo amordazado y maltratado de esta joven, que un pescador encontró a la intemperie en Puerto Alacrán una mañana de noviembre.
Carmín tropical, película mexicana que se está presentando en la sección Encuentros del Festival IndieBo 2015, relata el regreso a casa de Mabel, también una muxe, con el único objetivo de encontrar al responsable del asesinato de su amiga Daniela. En principio, se trata de una película de género, un thriller policíaco en donde el papel del detective es interpretado por este travesti que decide volver a su tierra natal y reencontrarse con su pasado y sus viejos amigos después de largos años de ausencia.


